Para que la educación llegue a formar parte de los servicios municipales personales tiene que romper las paredes de la escuela y de los currículos más o menos normalizados, para acercarse a las necesidades de personas concretas y de comunidades específicas. Unas necesidades que no se limitan a la educación reglada, sino que se expanden hacia la ocupacional, la medioambiental, la cultural o la cívica.
Así pues, únicamente desde la proximidad del mundo local, desde los servicios municipales personales, es posible hacer efectiva la dimensión social y comunitaria de la educación.
La escuela, por su parte, es un referente social en el universo de relaciones e intereses locales. Una de las señas de identidad de las pedagogías innovadoras se consigue con el conocimiento del entorno. El medio natural, con su flora, fauna y recursos rentables, contribuye a dar sentido a cuanto se enseña dentro del aula. La presencia del maestro en las organizaciones de la comunidad rural y del alcalde o su representante en las reuniones en las que se estudian y acuerdan los proyectos educativos contribuirán a aumentar las sinergias necesarias para beneficio de todos, de una manera especial en el mundo rural de población escasa y de relaciones sociales tan primarias como profundas.
© Fundación Encuentro, 2005